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pasado viernes 15 de abril, un grupo de doce alumnas de 1º y de 2º
de la ESO, que participamos en las actividades de Tiempo Libre, nos disponíamos
a viajar a Madrid para pasar allí el fin de semana.
El viaje de Salamanca a Madrid lo hicimos en tren y nos gustó mucho porque algunos de nosotros nunca habíamos viajado en él. Jugamos a las cartas, escuchamos música, y... por fin llegamos a Madrid.
Llegamos, en metro, hasta el colegio de teresianas “Jesús Maestro”, donde nos alojamos. Nada más llegar e inspeccionar la zona, cenamos y salimos a dar un paseo nocturno. Vimos el Palacio Real y la Almudena, allí nos impresionó encontrarnos, todavía, con velas y flores junto a la estatua de Juan Pablo II. La noche estaba fresquita, así que, en torno a las doce, regresamos al colegio para dormir, por decir algo...
El sábado, después de desayunar, nos preparamos para ver el centro de Madrid, sobre todo las tiendas, que era lo que más nos interesaba. En Moncloa se encuentra el edificio del Ejército del Aire allí nos detuvimos un instante para proseguir, después, nuestro paseo a lo largo de la calle Princesa y de todos sus establecimientos. Llegamos hasta la Puerta del Sol y “el oso y el madroño”; en la Plaza Mayor hicimos “parada y fonda”, allí comimos aprovechando el sol que lucía en esos momentos; después un heladito y... al Retiro. Como podéis ver el objetivo”compras” se había logrado pero todavía nos quedaba alguno, como encontrar a un “famoso”.
Después de pasear por el Retiro nos acercamos a la zona de Atocha y allí descansamos un poco y... otro de los objetivos parece que se iba a cumplir porque, entre la gente, apareció...¡Boliche!, sí, el mismo que, muy amable, nos firmó algún autógrafo.
A las ocho de la tarde nos acercamos a los Salesianos de Atocha para celebrar la Eucaristía, nos impresionaron las dimensiones de la Parroquia. Al acabar, cogimos el metro y nos acercamos a la Plaza España para buscar algún lugar donde cenar, después, ya regresamos y, “muy acompañadas”, como podéis ver en la foto. Esos fantásticos muñecos nos sirvieron de almohada, que menos es nada.
El Domingo, nos costó algo más encontrar un lugar donde poder desayunar pero la espera mereció la pena porque la cafetería no estaba nada mal. Tras un desayuno de domingo, nos acercamos a la Torre de Madrid a la que pudimos subir y desde ella tener una magnífica vista de Madrid y algunos de sus edificios emblemáticos, como el Palacio Real.
También se divisaba estupendamente la torre Windsor, o lo que queda de ella.
Y el tiempo fue pasando, así que ya nos llegó el momento del regreso y como podéis ver, no nos cansamos de comer bocadillos, ni al final.
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