| VIERNES, 18
Eran las 16:45 h.
cuando todos los alumnos, padres y profesores pertenecientes al Grupo de
Montaña de nuestro colegio subíamos al autobús que
nos llevaría a conocer un nuevo lugar: El camino de Santiago.
Una vez acomodados
en nuestros asientos, nuestro profesor de Tecnología, Manolo Vega,
pasó lista; estábamos todos. El viaje comenzó alegre
y divertido, hablábamos, reíamos, cantábamos y algunos
dormían.
Casi sin darnos
cuenta, el tiempo pasaba rápidamente. Durante el viaje paramos dos
veces, una de ellas para cenar. Después de la cena el viaje se nos
hizo más largo y pesado, quizá porque ya era tarde y estábamos
cansados.
Llegamos sobre las
00:30 h. a un pueblo gallego que recibía el nombre de Arzúa.
El autobús paró ante un gimnasio, en el que, cargados con
nuestras cosas, que no eran pocas, entramos. Nos acomodamos en los vestuarios
y colocamos nuestras cosas. Como llevábamos más de seis horas
sentados, a todos nos apetecía estirar las piernas, por eso, algunos
padres y profesores fueron a dar una vuelta por aquel pueblo, desconocido
para muchos. Mientras tanto, los niños, comenzamos a jugar un partido
de Fútbol.
Más o menos
a las 2:00 h. nos acostamos, algunos nos dormimos rápidamente, pero
otros se quedaron escuchando el concierto de ronquidos que esa noche se
celebró. Después de numerosos avisos por parte de los profesores,
todos se quedaron dormidos.
SÁBADO,
19
Nos despertamos sobre
las 7 :00 h., después de vestirnos y lavarnos, fuimos a desayunar
a un bar, llamado Os Casqueiros. Después de llenar el estómago,
comenzamos a andar.
En un principio
caminamos por la carretera, hasta salir del pueblo, después por
caminos de tierra, cruzando, en varias ocasiones, la carretera. El cielo
estaba azul y despejado, no divisábamos ninguna nube, nos esperaba
un día soleado. Andábamos en grupos, por cursos, Y acompañados
cada uno por un profesor.
Tras 17 km andando
por verdes caminos de Galicia, llegamos a San Miguel de Cerceda, donde
comimos. Después de comer descansamos un rato, sellamos la credencial
y continuamos nuestro camino.
El sol pegaba fuerte,
y sus rayos eran recibidos directamente por nuestros rostros. La caminata
fue corta, tan sólo 3 km. Llegamos a Arca do Fino, donde nos esperaba
el autobús, con nuestras mochilas, también nos esperaba nuestro
conductor, Alberto, que nos acompañó durante todo el camino.
Paramos en la puerta
de un polideportivo, en el que entramos. Dejamos nuestras cosas, nos duchamos
Y nos pusimos los deportivos, algunos llevaban los pies destrozados. Luego
nos preguntaron uno por uno qué queríamos para cenar, tarea
dura, ya que al ser tantos tardamos bastante en organizarnos. bajamos al
pueblo, donde nos dejaron tiempo libre hasta la hora de cenar. Allí
cada uno hizo lo que quiso, unos a los billares, otros se quedaron en el
bar con los mayores, otros fueron a ver el pueblo...
A las 21:00 h. todos
estábamos dispuestos, en la puerta del bar, para cenar. Dimos muchas
vueltas hasta que nos colocamos. Entres risas, cenamos. Antes de volver
al polideportivo los padres y profesores pararon en un bar.
A las 21:00 h. todos
estábamos en el polideportivo, que, como era muy grande y estábamos
solos podíamos ponernos como quisiéramos. Nos metimos en
nuestros sacos y' poco a poco, todos nos fuimos durmiendo.
DOMINGO, 20
A las 7:00 h. el
sol se dejó ver entre las cristaleras del polideportivo, Cuyo interior
se iluminó, cortando de repente nuestro sueño. Todos nos
fuimos despertando y observábamos las caras de sueño y de
extrañeza que tenían los demás. Muy lentamente nos
levantamos y nos preparamos. Fuimos hasta el restaurante en el que habíamos
cenado el día anterior, el “Che 4”. Allí desayunamos tranquilamente,
esperando que también ese día hiciese buen tiempo. Empezamos
a andar por lugares preciosos, que desprendían frescura por todos
los rincones. Todo era tan verde, tan natural, tan alegre... por esos bellos
lugares caminamos durante 10 km.
Sobre las 13:00
h. llegamos a otro pueblo gallego, Lavacolla. Nos pareció un pueblo
pequeño, pero acogedor, donde pudimos observar a gente caminando
por la calle, ya acostumbrada a ver a tantos peregrinos pasar por
allí.
Nos sentamos a descansar
en unas escaleras que había a la entrada del pueblo. A las 14-:00
h. entramos en un restaurante, llamado “La Concha”, donde comimos en dos
turnos. Después unos jugaron al billar, otros fuimos a conocer el
pueblo, que desprendía la misma belleza por todos sus rincones,
y los más vagos, se quedaron a descansar.
Ya con la barriga
llena y todos más descansados comenzamos a subir, con un cielo oscuro
y cubierto de nubarrones, al Monte del Gozo. A medio camino comenzó
a llover y nos pusimos los chubasqueros, intentando, que las mochilas quedasen
cubiertas.
Fueron tan sólo
5 km. hasta el “Centreo E de Pere”, el albergue donde pasaríamos
nuestra última noche. Nos colocamos en nuestras habitaciones. Nos
duchamos. y nos pusimos ropa limpia.
José Luis
Alegría y Maribel Malmierca, que acudían como padres, también
realizaron la función de médicos, ya que algunos tenían
rozaduras, ampollas...
Sobre las 21:00
h. fuimos a cenar y después muchos fueron a las habitaciones. otros
se quedaron viendo el fútbol. Algunos padres salieron a pasear.
A las 23:00 h. todos nos encontrábamos en las habitaciones, nos
dejaron durante un rato y luego todos nos acostamos, había sido
un día duro.
LUNES, 21
iQué buena
noche habíamos pasado! Nos levantamos, comentando lo bien que habíamos
dormido y lo mucho que habíamos descansado.
Como ya era tarde,
tuvimos que darnos prisa, para llegar al desayuno, que empezaba a las 8:00
h. Una vez que todos habíamos desayunado y estábamos listos,
comenzamos a caminar. Estaba pintineando. Como era el último día,
muchos tenían los pies hechos polvo y se pusieron los deportivos.
Esto, no fue una buena idea, porque la noche anterior había llovido
"a mares" y todo el camino estaba con barro. Por suerte dejó
de llover y salimos a la carretera. Poco habíamos andado cuando
pudimos observar, frente a nosotros el cartel que indicaba que habíamos
llegado. ¡Por fin estábamos allí, en Santiago de Compostela!
Habían sido
tan sólo 40 km. que habían servido para mostrarnos nuevos
paisajes, gente de otros lugares...
También para
unirnos más entre nosotros, y descubrir que todo se hace mejor con
alguien aliado animándote.
Ya más contentos
seguimos caminando, por las bonitas calles de esa ciudad, Santiago de Compostela,
hasta llegar a la catedral. Era la catedral más bonita e impresionante
que había visto hasta ahora, toda una obra de arte. Nos dividimos
en dos grupos. Unos se quedaron haciendo cola para entrar por la Puerta
del Peregrino, mientras otros fuimos a sellar la credencial. Cuando ya
todas estaban selladas, entramos. Justo en la puerta había dos columnas,
en cuyos fustes estaban grabadas dos cruces, por las que había que
pasar el dedo. Una vez dentro de la catedral pasamos por detrás
del santa, en el que tenias que apoyarte.
Luego, comenzó
la misa, y cuando iba a finalizar, comenzaron a balancear el botafumeiro.
Después nos
dejaron tiempo libre y fuimos a un bar. Sobre las 14:00 fuimos a comer,
a un restaurante situado en el Monte Da Condesa. Tardamos en llegar, porque
no lo encontrábamos. Después de comer hicimos un pequeño
acto, para agradecer a los médicos, a los monitores y a Alberto,
la ayuda que nos habían prestado durante todo el viaje. ¡Gracias
a todos ellos!
Más o menos
a las 17:00 h. nos subimos al autobús para regresar, muy a pesar
nuestro, a Ciudad Rodrigo.
Durante las 6 horas
de viaje que tuvimos no dejamos de pensar en el fin de semana que habíamos
vivido. Este viaje había sido una bonita experiencia, de las que
son difíciles de olvidar. |