Sueño con crear una escuela...


En la que sea posible pintar de colores, entre todos, aulas y pasillos.

Que esté abierta a la risa, a la esperanza, a la fantasía, a la ilusión y a los sueños.

En la que la calidad humana sea el distintivo de toda relación personal.

En la que todos tengamos algo que enseñar y algo que aprender, incluso, de aquellos que nos parecen menos dotados o que creemos que saben menos.

En la que cada uno encuentre su lugar y en la que nadie se encuentre aislado.

Que sea capaz de desdramatizar los momentos más tensos del día con una carcajada y, a la vez, pararse ante el dolor de cualquiera.

En la que se mimen y se potencien los encuentros personales; donde se escuche al otro; donde ser diferente no sea un obstáculo para la convivencia.

En la que quepamos todos: grandes y pequeños, torpes y listos.

En la que no haya vencedores ni vencidos, sino gente que busca su camino.

Que felicite por los progresos, pero que no descanse hasta que encuentre soluciones válidas para las mayorías y las minorías.

En la que el diálogo y la escucha sean los caminos para hacer o dejar de hacer.

Realista que prepare para vivir hoy pero que no deje de soñar en el mañana, porque el mañana es la llave del futuro, la puerta de la esperanza siempre abierta a la utopía.

Esta escuela que sueño, celebra cada día la maravilla de la vida, oyendo los silencios, percibiendo las ansias y dolores para socorrer a aquellas personas que sufren la soledad, la miseria, el olvido, el dolor o la incomprensión.

Todos juntos podemos y debemos hacer una escuela así.

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