La  arroba ( @ )


Reproducimos un artículo recogido en la sección “contra la pared”, que pertenece a una web llamada “El libro de arena” (de Cristo Hernández).


Esta semana queremos dedicar nuestra atención al mal uso lingüístico que se le está dando a una falsa letra que cada día aparece con mayor frecuencia en numerosos documentos y que nada tiene que ver con las letras del abecedario que usted y yo estudiamos en la escuela.

La semilla de este símbolo empezó sembrándose en Internet pero ha saltado las barreras digitales de los ordenadores y ha comenzado a propagarse por la blanca piel de muchos documentos como si se tratara de un sarampión lingüístico para el que no existe antídoto ni curación alguna.

Nos referimos al símbolo llamado arroba. Para quien no sepa lo que es la arroba, se trata de un símbolo que se escribe con una "a" rodeada por un trazo circular que casi la envuelve en su totalidad (@). Esta falsa letra se ha ido introduciendo poco a poco en nuestro lenguaje, pero sobre todo en la escritura, debido al auge que está cobrando Internet. Este símbolo se utiliza, por ejemplo, en Internet en las direcciones de correo electrónico.

El auge de Internet ha provocado que cualquier persona de la condición social que sea pueda acceder a un mundo virtual en el que, en principio, debe reinar la igualdad pues en Internet todos somos iguales ante la ley del ordenador. De ahí que se conozca también a Internet con el nombre de Aldea Global...

Por eso, existen numerosos individuos en Internet que, pretendiendo una aparente igualdad entre quienes se conectan a la Red, han creado falsos símbolos para evitar diferentes discriminaciones. De ahí que se esté utilizando este símbolo arroba para referirse indistintamente al género gramatical masculino y femenino...

Este símbolo se utiliza sobre todo en aquellas palabras (nombres o adjetivos) que terminan en una "o" y que al parecer, según dicen algunos, se refiere de forma machista sólo a los hombres. Para evitar, pues, el machismo lingüístico se han inventado esta arroba. Les voy a poner un ejemplo. El otro día leí en un letrero que había por fuera de una guardería lo siguiente: "Los niños que no vayan al comedor deben ser recogidos por sus padres antes de las doce". Pues, bien, en la palabra "niños" y en la palabra "recogidos" en vez de la "o" final aparecía la dichosa arroba (niñ@s y recogid@s), en teoría para evitar la falsa discriminación lingüística entre niños y niñas. Observando aquel letrero yo me preguntaba: ¿Cómo tendré que leer estas dos palabras? Porque, que yo sepa, esa arroba no está en el abecedario. ¿Cómo debo leerla entonces? ¿Cómo una "a" o como una "o"?

La explicación, pues, del mal uso del símbolo arroba es que este símbolo no se corresponde con ningún sonido de nuestro abecedario y, por lo tanto, de nuestro sistema fonético. De modo, que estamos utilizando una letra que no se puede leer. ¿A alguno de ustedes le ha ocurrido lo mismo que a mí frente a aquel letrero de la guardería?

Debemos entender, primero que nada, que una cosa es el género gramatical que tienen las palabras y otra cosa muy diferente el sexo de las personas. Tradicionalmente se ha utilizado siempre el género gramatical masculino (la terminación en "o", por ejemplo) para indicar indistintamente sexo masculino o femenino, es decir, la palabra niños, se referiría tanto a los machos como a las hembras. Mientras que la terminación en "a" siempre había quedado reservada para el género femenino únicamente (el llamado "género marcado", lingüísticamente). Pero los movimientos promotores de la igualdad entre sexos (cuyas reivindicaciones, por otro lado, nosotros también defendemos, aunque a otros niveles) han querido llevar también esta igualdad al terreno del lenguaje, cuando el lenguaje es una forma de comunicación totalmente arbitraria desde el punto de vista de los signos que lo conforman.

Así pues, insistimos, el uso del símbolo arroba es incorrecto, al menos hasta que alguien le asigne un sonido para poder leerlo. Y, aun entonces, nos encontraríamos con un nuevo problema.


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