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Por David Trueba. Publicadio
en nº 20 de El Dominical, (01 - febrero - 03)
EL CUADERNO. La otra
tarde me asomé al cuaderno de trabajo de un conocido. Al leer sus
notas me abofetearon con furia las faltas de ortografía, me saltaron
a la yugular, me metieron el dedo en el ojo:
PREGUNTAS. Me pregunté entonces dónde podían haberse adquirido conocimientos tan erróneos. Me pregunté cómo era posible que hubiera pasado de tercero de EGB a cuarto. Me intrigó si sus padres habrían leído alguno de sus cuadernos, si alguna vez había dejado una nota de tal guisa a su novia, si alguien se habla ocupado, de verdad, de su educación. Si alguien se habla tomado la molestia de corregirle un día, si alguien le habla dedicado una centésima de segundo durante toda su escolarización. A lo mejor hay muchos cuadernos pululando así por el mundo. A lo mejor, dentro de poco, lo habitual será la libertad ortográfica y usaremos el signo de interrogación para calzar las mesas y la hache para sentar a las muñecas. Eso es lo de menos. El caso es que al día de hoy, se exige, se pretende y se persigue que un muchacho de 20 años en un país civilizado sepa escribir con cierta corrección como primer paso para saber que piensa con cierta inteligencia. Pero no es así. El fracaso es flagrante. Y lo peor es que es sólo la pista de un deterioro más profundo. DIAGNÓSTICO.
Ya se ha dicho que los padres hoy mandan al colegio a los hijos como quien
deja el abrigo en el ropero. Ya se sabe que los funcionarios de la enseñanza
pública han sido castigados, humillados y vejados hasta lograr que
apenas una minoría conserve la pasión por enseñar.
Ya se nota que no hace falta saber conjugar el pluscuamperfecto de subjuntivo
para triunfar, para tener chalet, para salir en la tele. Ya se huele que
a nadie se le pasa por la cabeza dedicar un minuto a algo que no
revierta en un beneficio inmediato. Todo esto se sabe. Lo que habría
que encontrar es a los culpables de tan enfermizo estado de cosas, desenmascarar
a los entontecedores nacionales y meter en la cárcel a los que han
permitido que se humille al verbo haber en cada cuaderno, en cada idea,
en cada sueño. Esos que a la sopa de letras la han convertido en
puro hidrocarburo para
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